Inicio >> Historia del centro


Historia del Centro

 


EDIFICIO

El Marqués de Manzanedo no olvidó su villa y construyó y dotó el Colegio de San Juan Bautista (nuestro actual Instituto)para impartir los estudios elementales y los de Bachillerato.

Fue en el año 1861 cuando comenzó a construirse bajo la dirección técnica de uno de los arquitectos de mayor renombre de la época Antonio Ruiz Salces.

El edificio está construido con muros exteriores de sillería. Posee en su interior una capilla privada y un panteón donde están enterrados los miembros de la familia del Marqués. La fachada principal es de corte neoclásico y forma parte de la misma un observatorio astronómico y un gran reloj que culmina el edificio.

 

 

En 1871, se celebró la entrada en funcionamiento (ver discurso) del Instituto Manzanedo, por cuyas aulas hanpasado, a lo largo de este tiempo, numerosísimos jóvenes que allí han cursado sus estudios de Bachillerato.

En su primera época, acudían estudiantes de diversas partes de España, que vivían internos en el centro. Por entonces, se conocía como colegio de San Juan Bautista, siendo encomendada esta primera etapa de la historia docente a la congregación religiosa de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Hermanos de la Salle), bajo la dirección de D. Juan Manuel de Orti y Lara.

Después, a partir del 15 de septiembre de 1947, durante cuatro años, los Hermanos Maristas atendieron los niveles de primera enseñanza y primeros cursos de bachillerato, siendo su director el Hermano Lorenzo Lavín. Los alumnos de estos cursos rendían examen oficial en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santander.

A comienzo de los años 50, el gobierno de Madrid creó los centros de formación profesional denominados "Institutos Laborales". Se cree que se propuso la creación de uno de ellos en Santoña o en Laredo. El Ayuntamiento de Santoña presentaría la ventaja de las buenas instalaciones del Colegio para ubicar el Instituto Laboral pensando que las dimensiones del edificio podría acoger las dos instituciones: el Colegio de los Hermanos Maristas y el nuevo centro de formación profesional. En efecto, compatibilizaron ambos centros sus actividades, pero solo un curso, siendo, con posterioridad, el primerInstituto laboral de Orientación Marítimo-pesquera-conservera de España.

SUBIR

HISTORIA

¿Quién fue el Marqués de Manzanedo,  también Duque de Santoña?

Juan Manuel Manzanedo, de una familia muy humilde, oriunda de Noja, nació en Santoña en 1803 y murió en Madrid en 1883. A los 20 años partió hacia Cuba para trabajar con un pariente bien situado y pronto se estableció por su cuenta y se dedicó a múltiples negocios: tabaco, y caña de azúcar, préstamos hipotecarios, comercio de esclavos, etc.

Establecido ya en Madrid prosiguió sus actividades mercantiles representando y asesorando a numerosos inversores hispanocubanos interesados en invertir su dinero en Europa. Pronto fue nombrado Diputado a Cortes y Senador.

Continuó diversificando sus negocios: armador y comerciante con Ultramar, banquero (impulsor del Banco Hispano-Colonial y el Banco Santander), constructor  del muelle de Maliaño de Santander, etc.

En fin, que para 1879 su fortuna se calculaba en 171 millones de reales, lo que lo convertía en una de las mayores fortunas de España.

Juan Manuel de Manzanedo fue un firme valedor de la institución monárquica, apoyando a Alfonso XII en la contienda carlista, poniendo sus influencias y sus caudales al servicio del Estado cada vez que era preciso y apoyando las acciones emprendidas para erradicar brotes insurreccionistas cubanos. Todo ello le valió la íntima amistad del Rey consiguiendo los títulos de  Marqués de Manzanedo en 1864 y de Duque de Santoña en 1875.


DISCURSO

Discurso ofrecido por el Marqués de Manzanedo el sábado 24 de Junio de 1871 en el acto de inauguración del Colegio de San Juan Bautista de Santoña.

Texto recogido de EL LIBRO DE SANTOÑA de D. Aureliano Fernández-Guerra.

SEÑORES: Una de las necesidades más generalmente sentidas en España es la de buenos Colegios, donde los jóvenes reciban verdadera educación y enseñanza sólida y pura. Las familias acomodadas, a pesar del celo y bien nacidos propósitos que por lo general las animan, impulsándolas a grandes dispendios para que sus hijos alcancen tanto bien, no saben en muchos casos a qué personas o instituciones confiar la dirección moral e intelectual de aquellos por cuya futura suerte se desviven. Dudan, porque temen con razón que el individualismo de la época, introducido también en la enseñanza, o el ciego espíritu de secta, o cualquiera otra causa de las que extravían y disipan a la juventud en vez de instruirla y edificarla, se apoderen de sus hijos; y que, separados estos de sus madres, cándidos e inocentes, vuelvan a ellas ilustrados únicamente en lo malo, y poseídos de hábitos desordenados y dañosas y estériles aficiones.

Fuera de esto, las familias pobres no pueden dar estudios a sus hijos sino en los pueblos en que existen públicos establecimientos de enseñanza, donde no siempre hay seguridad contra aquellos males.

Esta necesidad gravísima, el deseo de hallar remedio eficaz y saludable a ella, y el amor grande que arde en mi corazón hacia el suelo en que nací, me han movido a levantar en Santoña, mi patria natal, un amplio y oportuno edificio, donde bajo la dirección y disciplina de doctos y ejemplares maestros, reciba la juventud montañesa, y la de otras comarcas españolas, y aún de América, instrucción gratuita y ejemplos de enseñanzas morales, para bien ordenar la vida y las costumbres, y prepararse sólidamente a emprender carreras científicas o profesionales, según más convenga a sus miras en lo porvenir.

No deseo, pues, establecer una casa para granjear intereses, sino para sacrificarlos, consagrándolos a instruir a los hijos de los pobres y a los de los ricos; a unos y otros de balde, sin mas intento que dispensarles este inmenso bien de la enseñanza: del cual se puedan ayudar en su día, ya para prosperar en los oficios, ya en las facultades, con provecho y honor de su familia y patria. Tras largos cuidados y sacrificios inmensos, no me mueve otro anhelo sino el de dejar perpetuamente junto al sepulcro de mis padres y el mío propio, un asilo seguro a la juventud de estas virtuosas montañas y marinas, que piadosa de suyo, pedirá a Dios bendiga mi obra y que del fundador no se olvide, en méritos de su intención desinteresada.

Para sentar las firmes bases del Colegio, he consultado a personas competentes en materia de instrucción pública; y su dictamen unánime, fundado en razones gravísimas y en larga experiencia adquirida en el ministerio de la enseñanza, ofrece a mis ojos segura prenda de acierto. He presenciado la discusión generosa; he cuidado de que no se pierda de vista la índole esencial de la institución y la condición de los tiempos; me he penetrado de la extensión y carácter que deben tener los estudios, y de cómo ha de organizarse el Colegio, y a qué régimen importa que se sujete.

Los estudios de que ha de disponer todo establecimiento destinado, como éste de Santoña, a preparar a los jóvenes desde que apunta en ellos la luz de la razón, ya prevenida en el hogar doméstico con las primeras lecciones y ejemplos de padres honradísimos, comprenden todas las enseñanzas propiamente elementales, desde las Primeras Letras hasta los últimos conocimientos que ya los disponen y habilitan para aprender con fruto la sagrada Teología, la Jurisprudencia civil y canónica, la Medicina y Farmacia, etc. Pero atendiendo al interés inmediato de los naturales de la Montaña y al de sus comarcas vecinas, se establecen en el Colegio de Santoña las artes de Comercio y Pilotaje, que tanto han de favorecer la inclinación ordinaria de estos habitantes, prodigándoles en el aula toda clase de luces y auxilios para su más satisfactorio logro.

Pero no habremos de contentarnos, a la verdad, en punto a enseñanza, con tirar una línea de más o menos extensión, cuando lo principal es recorrerla íntegramente paso a paso, sin transiciones ni saltos que interrumpan el orden lógico y sucesivo en las materias, y sean ocasión de graves yerros. Importa sobremanera que los alumnos aprendan muy bien las nociones de Primeras Letras, y que en ellas se ejerciten a maravilla antes de pisar las clases de Latín y Humanidades; y sobre todo, que no pasen de unos estudios a otros sin estar bien imbuidos de los que por necesidad los han de preceder. La enseñanza, aunque elemental, debe ser sólida y verdadera, sin que baste a este propósito la simple aprobación legal de fin de curso; antes por el contrario, se ha de procurar que en el fondo del entendimiento del alumno queden indeleblemente grabados los principios fijos y constantes de las artes y ciencias: de suerte que, con ellos, adquiera el niño y ya desde luego posea un rico tesoro intelectual. Ha de escribir con soltura y elegancia, y ha de aparecer despierto y hábil para las más arduas disciplinas. No entra, pues, en mi ánimo facilitar a la juventud el medio de adquirir simples certificados o títulos puramente legales, sino doctrinarla real y sólidamente, ilustrándola con los conocimientos fecundos en cada uno de las ramas del saber que aquí se establecen.

Aspiro a restaurar en lo posible el estudio de la Lengua Latina, a quién la Europa sabia reconoce y tiene por llave maestra de todas las ciencias, y nosotros hemos de respetar como guía y madre, ornamento y luz del idioma castellano. A este fin científico, piadoso, patriótico van encaminadas las disposiciones oportunas de la institución; aspirando así a la restauración anhelada de la única lengua universal, vivo deseo de cuantos aman no solo ya la tradición religiosa y literaria de España, sino el deleite y cultura que realzan al hombre dueño y señor de la literatura y lengua en que la antigüedad clásica vino a expresar sus bellas obras inmortales.

Seguramente fuera de desear que la enseñanza filosófica abrazara todas las partes de la Metafísica, sin razón descuidadas, a saber: la Ontología, la Antropología y los fundamentos de la religión; pero ha sido forzoso dejar este vacío, por no exigir de los jóvenes más estudios de los que están prevenidos por la ley común. En cambio, se han ordenado los de Humanidades y Filosofía conforme al orden lógico y fecundo con que se enlazan entre sí, habida consideración del gradual desarrollo intelectual del discípulo.

Para que este aproveche extraordinariamente en las ciencias exactas, físicas y naturales, el Colegio de Santoña posee un rico material de enseñanza en museos y gabinetes, con cuyo auxilio será fácil dispensarla bajo la forma en cierto modo tangible, que tanto ayuda para la comprensión clara y útil de las lecciones.

Excusado parece añadir, tratándose de un Colegio fundado sin ninguna mira interesable, y dirigido al solo bien de la juventud, tan enlazado con su destino en este mundo y con el fin último a que todos estamos llamados por la voluntad Divina, que la Religión y la Moral católicas han de ser en esta institución, no ya precisamente un estudio especulativo, sino el alma y la vida de los demás estudios, el regalado aroma que debe preservarlos de la corrupción: de suerte que la Religión, la Moral y la Ciencia sean la triple aureola de los jóvenes que se eduquen en el Colegio de San Juan Bautista de Santoña, encomendado a la especial protección de la Estrella de los Mares, bajo la salvadora advocación de Nuestra Señora del Puerto. Por obra de texto los alumnos tendrán siempre el Catecismo, libro tan grande por su riquísima doctrina, como pequeño por su volumen, suma de toda sabiduría divina y humana, y en donde en miniatura se halla cuanto abarca y puede abarcar la ciencia Teológica tras largos años de estudios y vigilias. En la escuela tomarán de memoria este libro los niños, lo volverán a repasar en las clases de Humanidades, y no lo perderán de vista durante los estudios filosóficos, explicándoselo todos los domingos un sacerdote instruido y ejemplar, a fin de que en la memoria y en el corazón se graben sus verdades eternas, como luz y regla de la fe del discípulo, guía y norte de su vida y argumento de esperanza.

Deseo constituir el Colegio, de modo que de una parte descanse en la autoridad, doctrina y buen ejemplo del Director y de los Profesores, llamados a él por sus méritos, y de otra en la docilidad y aplicación de los alumnos. Todas las reglas consignadas por escrito serian vanas, si no las vivificase el principio del deber, y el celo que todo lo anima. He buscado para que pongan por obra mi pensamiento, a Profesores escogidos y, aunque modestos, ya ejercitados en la enseñanza y probados en la virtud. La unidad de doctrina, el lazo del compañerismo, la semejanza en el tenor de vida y costumbres, la exactitud en la observancia de las reglas, singularmente las que consagran la obediencia y respeto debidos a la cabeza, habrán de hacer de los Profesores un solo cuerpo, animado de un mismo espíritu de honor, de virtudes e hidalguía. Por su parte los alumnos y sus familias importa que sepan que la docilidad y la aplicación serán prendas indispensables en los alumnos del Colegio de San Juan Bautista de Santoña, porque sin ellas no hay enseñanza posible, perturbada y destruida con la fuerza del mal ejemplo. La dirección, eficazmente saludable de un Colegio, ha de mirar mucho al adelantamiento y edificación de los alumnos todos, antes que a la corrección, alguna vez imposible, de alguno de ellos; y así, cuando o no hay esperanzas racionales de conseguirla, o cuando, aunque las haya, sea todavía más fundado el temor de la indisciplina consiguiente al escándalo, el alumno reincidente es forzoso que vuelva al seno de su familia.

Para auxilio de las casas acomodadas, así de la Península como de América, que mandan a sus hijos a Colegios donde en calidad de internos reciban educación moral y literaria esmeradísima, he dispuesto que el edificio por mi erigido en Santoña bajo una forma la más adecuada y conveniente, vistos y examinados los planos de los mejores establecimientos análogos del extranjero, pueda admitir en su seno alumnos internos. Con ese fin concedo plena libertad al Director que nombro, atendidas sus relevantes prendas, y a los que en este cargo de tanta confianza le sucedan, para recibir esta clase de alumnos; esperando que el actual Director y sus sucesores no perdonarán medio para realizar los fines de las Estatutos que les doy, ni para que los jóvenes internos (por una retribución módica, atendidas las especiales condiciones del país) sean cumplidamente atendidos en su manutención y asistencia. Así, de cerca, el Director y Profesores podrán cultivar en los corazones de los niños los benéficos gérmenes que una acertada y generosa educación sabe desenvolver, encaminándolos a estudios sólidos, y ofreciéndoles continuos modelos de virtud, para que un día puedan ilustrar y aún dirigir a su patria.

Excusado es también añadir que el espíritu, el orden, la disciplina, el estudio y las reglas todas que deben dirigir este Colegio se habrán de guardar con religiosa puntual observancia; porque nada hay bueno si no es perfecto y excelente en esta materia, y la simple negligencia degenera con facilidad en deplorable abandono y mísera corrupción.

Por último, los Estatutos con que doto al Colegio establecen el régimen externo de la institución sobre bases lo más firmes que es dado al mejor deseo, atendidas las vicisitudes humanas. La Junta (por ahora Consultiva y Directiva después) a quien encomiendo la conservación de mi obra, ha sido formada con todos los elementos capaces de mantenerla y dirigirla perpetuamente, conforme al desinteresable designio con que ha sido concebida; pues todos ellos están representados en personas, por decirlo así, inmortales: cuáles por su carácter sagrado, cuáles por el honor e hidalguía militar, cuáles por los afectos generosos que deposita en el ánimo cuanto se refiere al territorio que nos vio nacer, cuáles por el interés legítimo y hasta santo de los padres en favor de sus hijos; cuáles, en fin, por motivos igualmente elevados y fecundos.

Todas estas personas, seguramente, no podrán menos de mirar en el hoy naciente Colegio un don de la Providencia Divina, que se vale de las manos que ella misma ha enriquecido, para secundar en pequeña parte los designios misericordiosos de Dios, tomándolas por instrumento suyo para el bien de la patria.

El testimonio y tranquilidad de mi conciencia, el amor de mis conciudadanos, y la gratitud del desvalido, ahora y en las edades futuras, tal es la única recompensa que pretendo conseguir en este mundo, junto con el eterno premio que la Divina bondad tiene prometido a los que hacen bien en su nombre.